San Blas San Blasito consérvame la garganta y el apetito. ¿De dónde viene este refrán con el que anunciamos la llegada de los rosquitos y tortas a nuestras tiendas? Cada 3 de febrero, festividad de San Blas, muchas personas se colocaban en el cuello un cordón que se bendecía y se llevaba durante nueve días como forma de protección frente a los males del invierno: los resfriados, las afonías o las infecciones. Pasado ese tiempo, el cordón se quemaba o se quitaba, cerrando así el pequeño ritual. Durante esos días era habitual la elaboración casera de roscos y tostas llamadas también de San Blas, una de esas costumbres que se transmiten de boca en boca, cocina en cocina, generación a generación, obrador a obrador.
Y es que hay elaboraciones y tradiciones que son memoria viva. Igual que el cordón de San Blas, muchas de nuestras recetas, y elaboraciones del obrador forman parte de esa herencia que queremos mantener. Porque cuidar de dónde venimos, quienes somos y cómo hacemos las cosas, es parte de la diversidad que enriquece el mundo en el que vivimos.

