Un ejército de gallinas ha tomado los escaparates de Artepan. Llega la Semana Santa y con ella, los huevos de Pascua a nuestro obrador. Es cierto que el País Vasco no es precisamente una zona típica donde se consuman estos dulces, pero nosotros los llevamos elaborando desde hace años y confesamos que somos como niños a la hora de decorar nuestras vitrinas, en esta ocasión, con unas simpáticas y coloridas gallinas de trapo.
Europeos, americanos y mejicanos son los reyes en esta tradición que, dicen, viene desde tan lejos como los inicios del ser humano. No carece de lógica la teoría que hemos descubierto trasteando por internet y que apunta a que el protagonismo del huevo viene por el fin del invierno y la llegada de la primavera, momento en el que regresan las aves de su migración. La hipótesis se completa más adelante con el hecho de concebir el huevo como símbolo de la fertilidad. Así, en la Edad Media parecía ser una costumbre muy típica la de intercambiarse huevos de tortuga decorados. También muchos conoceréis la tradición que existe en otros países de esconder los huevos llenos de sorpresas en los jardines de las casas para que los niños se diviertan encontrándolos. En este caso, la práctica tiene orígenes religiosos, ya que simboliza la persecución de Herodes a Jesucristo. Y en lugares como Escocia, los ciudadanos dejan rodar colina abajo los huevos de pascua decorados para ahuyentar los malos espíritus.
Sea como fuere, los pasteleros enseguida vieron en estas costumbres la posibilidad de crear un dulce que convirtiera la Pascua en delicia. Y así nacieron estas joyas de chocolate lustrosas y brillantes, que nosotros elaboramos en tres tamaños diferentes y tres chocolates, para todos los gustos, blanco, con leche y puro. Por supuesto, nuestros huevos tienen sorpresa, sean grandes, medianos o pequeños, en forma de pollitos, caramelos, peladillas… Y, ya que nuestros profesionales se afanan en elaborarlos, también nos liamos la manta a la cabeza y aprovechamos a crear gallinas y cofres de chocolate con su tesoro y todo.
Ver trabajar a nuestro equipo en estos dulces sería lo más parecido a encontrarse en una de las secciones de la gran fábrica de chocolate regentada por Willy Wonka que imaginó el genial Roald Dahl. El trabajo del chocolate es laborioso si se quiere obtener un producto fino y brillante. Por supuesto, la materia prima es fundamental. Pero también lo es, y mucho, el atemperado, ese calentamiento y enfriamiento en las justas temperaturas que aportan al chocolate su precioso brillo.
En Artepan, nuestros pasteleros trabajan con moldes de medio huevo de distintos tamaños. Una vez atemperado el chocolate, se rellenan esos moldes y, con ayuda de una rasqueta, se vacían para que la cáscara de ese huevo tenga un grosor homogéneo. Cuando las dos mitades han enfriado y endurecido, rellenamos los dulces con distintas sorpresas, calentamos los bordes de los huevos en una plancha justo para que se derritan un poquito y ese chocolate derretido es el que hace de pegamento para sellar las dos cáscaras. El resultado, delicioso chocolate ovalado con un suave e irresistible aroma a buen cacao.
Y una laboriosa elaboración con un objetivo claro. Porque, sin duda, lo mejor de nuestros huevos de Pascua es romper esa cáscara para saborearla mientras descubrimos qué sorpresa guarda en su interior.



atemperamos el chocolate rellenamos el molde vaciamos el chocolate



secar y quitar el choco sobrante desmoldeamos con calor unimos los huevos



listo el huevo ¡¡¡ya están en nuestro escaparate!!!















2 Comentarios
Excelente post es increible que puedas hacer eso solo con chocolate…. realmente facinante te felicito
Gracias Smithjames,
de todas formas para increibles los catalanes con sus huevos de Pascua…