París tiene un je ne sais quoi…

24
May
2011

París. Bulliciosa, romántica, viva… Habíamos visitado la Ciudad de la Luz en numerosas ocasiones, aunque siempre por motivos de trabajo. Esta vez, nuestro viaje ha sido guiado por el placer y por placer nos hemos recorrido todas las panaderías y pastelerías que nuestra agenda y nuestros pies nos han permitido.

Decir que París huele a pan seguramente sea uno de los muchos tópicos que rodean a esta ciudad. Sin embargo, es tan cierto como que el amor de los franceses por el pan les hace concebir y tratar este alimento con mucho respeto. Como suele suceder, hay lugares cuyo producto sorprende  y otros famosísimos que decepcionan. Pero la calidad del pan que se consume allí a diario es claramente superior a la que estamos acostumbrados. ¿Defendieron esa calidad los panaderos o la exigieron los consumidores? Un misterio. Y una realidad que nosotros aprovechamos catando todo lo que se nos puso por delante!

Diversos panes.

Baguettes...

Obradores a la calle, panaderos cubiertos de harina formando battards y baguettes… De acuerdo, el marketing hace lo suyo. Pero no es casualidad que hasta el gran Poilane venda su producto en una cadena de supermercados (donde, por cierto, la comercializadora vende también un pan ecológico delicioso) ni que se haya sumado a la venta online. Visitar la panadería de este maestro es como volver atrás en el tiempo. Hogazas enormes, tostadas, de crujiente corteza, firmadas con su peculiar P, eso sí, a bastantes € el kilo. Pero merece la pena. El ambiente y la presentación son impecables y quedarían en nada sin una buena miga. Poilane lo sabe.

Poilane

Él es uno de los ejemplos de que puede elaborarse pan con masa madre y venderlo a gran escala, como también lo es La Maison Kayser, firma creadora y desarrolladora del fermento levain, que ofrece sus panes en 14 locales repartidos por Paris. Otros prefieren que su seña de identidad sea un horno de leña de 1890, como Au Panettiere Levon. Y, en general, casi todos no se quedan sólo en el pan. Croissants, quiches, bocadillos y un surtido salado con el que se puede comer perfectamente. Menos mal que los paseos contrarrestaron los kilos de mantequilla que nos metimos entre pecho y espalda… ¿Quién puede contenerse?

Croissant

Y esos almuerzos necesitaban de un buen colofón. Para los también amantes del dulce como nosotros, el recorrido por las panaderías debía terminar inevitablemente en una pastelería, chocolatería o confitería. Y en París las hay a cientos. Quizá aquí sí que podría aplicarse la máxima de que lo bueno cuesta dinero. Pinchamos con unos bombones de Godiva, una marca belga muy conocida, y disfrutamos con una pequeña muestra de chocolates a 90€ el kilo en Hevin. Y es que los ojos se enamoran al instante de mostradores como el del pastelero Pierre Herme, donde trufas, macarrons (el dulce parisino estrella a base de merengue y crema de almendras) y pasteles se ofrecen como si fueran diamantes en una joyería. Muchos son asequibles para unas vacaciones y otros intocables, como los productos de Fauchon o Hediard, donde el sibaritismo supera a la realidad.

Le Quartier du Pain

Le Grenier de Félix

Es imposible contarlo todo en un post. Así que tendremos que volver.

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