La miga del recuerdo

24
Jun
2011

Iniciamos en nuestro blog bajo este título, una serie de historias que conforman la particular memoria del pan en nuestro territorio. Una serie en la que queremos que vosotros también participéis. Porque todos tenemos recuerdos panaderos, familiares que cocían pan en sus pueblos, amamas que guardaban sus masas madre en la alacena para cocer pan cada vez, vecinas que intercambiaban sus masas… ¿y qué mejor homenaje que dedicarles un espacio virtual para recuperar sus historias?

 

Molino de Mendivil

Molino de Mendivil

Molino de Villanueva de Valdegobía

Molino de Villanueva de Valdegobía

Fotos sacadas del libro “El Pan de cada día” de Pedro Morales Moya de Ikusager Ediciones.

Nosotros rompemos el hielo con los recuerdos de Paulina Portilla, mujer que ahora luce 85 años y que nos contaba las costumbres panaderas de su pueblo, Argote (Treviño). Como en muchos otros lugares, esta localidad tenía un molino que hacía un servicio comunitario no sólo para sus habitantes, sino para los de los pueblos aledaños. Lo mismo ocurría con los tres o cuatro hornos que, en lugar de ubicarse en las casas, estaban fuera de ellas y eran utilizados por todas las familias. El horno de los Portilla estaba en una huerta, cerca del río.

El pan se horneaba cada diez o quince días y suponía un acontecimiento en la vida familiar y del pueblo. De hecho, prácticamente perdían el día entero entre la elaboración y la cocción, algo que al abuelo de Paulina no le entusiasmaba demasiado. “Caro pan sale…”, recuerda que dolía decir.

Tras mezclar, amasar y formar, las familias siempre guardaban un trozo de masa para la vez siguiente, lo que funcionaba como una masa madre. El día dedicado al pan en Argote siempre era impredecible y Paulina recuerda que la casa se revolucionaba; o bien la masa no subía suficiente, o el horno no cogía la temperatura adecuada… Sin embargo, el resultado lo compensaba y los panes se guardaban en paneras de madera y se almacenaban en el lugar más freso de la casa para que se conservaran tiernos el mayor tiempo posible.

Es curioso cómo han cambiado las cosas en tan poco tiempo. Historias que nos hablan de trabajo en comunidad y de trucos que ingeniaban formas de conservación que parecemos haber olvidado en nuestra ajetreada vida. Si vosotros también tenéis memorias de pan ó repostería os invitamos a que nos las contéis mandándonoslas al correo artepanweb@www.artepan.com. Nosotros las publicaremos en el blog y, entre todos, amasaremos nuestra particular miga de recuerdos.

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