“A pan y agua” fue un experimento, una especie de test de Rorscharch
gastronómico realizado con motivo de la Inauguración de Inmersiones
2010, el congreso de artistas emergentes que se desarrolla todos los
años en la sala Amárica de Vitoria-Gasteiz.
Pudimos elegir y lo que elegimos fue agasajar a nuestros invitados a
base de pan y agua.
Algunos vieron en ello, un regreso a lo esencial, a lo estrictamente
necesario. ¡Qué poca cosa el pan! ¡Qué elemento más simple el agua!
Pero ¡qué rico el pan cuando el hambre es verdadera! ¡qué delicia el
agua si la sed es auténtica!
Otros encontraron en el pan y en el agua una alusión a la crisis. Se
acabaron los excesos. Se acabó el despilfarro. Vivir por encima de
nuestras posibilidades. Todos a pan y agua. A compartir el destino
alimenticio de aquellos míticos condenados de otras épocas (¡diez
años de prisión, trabajos forzados y a pan y agua!).
¡Pues qué contradicción¡ El agua que ofrecíamos procedía de
acuíferos australianos, de glaciares neozelandeses, de hielo fósil
ártico. Teníamos algunas botellas de jugo de nubes importado de
Suecia, otras con agua procedente de volcanes italianos. Aguas
pirenaicas y alpinas. Aguas de marcas glamorosas ofrecidas en
botellas de fantasía, como grandes frascos de perfumes caros. Aguas
que se cotizan más alto que algunos vinos de reserva. Aguas gaseosas
naturales (el agua no vale nada, lo que vale son las burbujas). Lo
que vale, podríamos añadir, es el concepto, el intangible que
acompaña al líquido elemento.
Y pan, por supuesto, pero amasado a mano. Simple pan pero producido
con las harinas de nuestros antepasados: centeno, maíz autóctono (no
híbrido), trigo sin refinar, etc. Panes de todo tipo,
forma color y tamaño. Panes olorosos. Trufados de semillas de
amapola o de sésamo, de nueces, de pasas. El pan vale poco, el buen
pan es algo más caro y el buen corte de pan es una rareza impagable.
!Qué pocos dominan este arte en nuestros días¡
Pues sí, “A pan y agua”: un dispendio limitado, una lujuria
razonable, la amplitud y la variedad dentro de unos estrechos
límites autoimpuestos. Un pequeño oxímoron alimenticio, un lujo
sostenible y sano.
“A pan y agua”. Una idea original de Rubén Díaz de Corcuera, comisario de Inmersiones 2010, desarrollada y producida por Amaia Gracia Azqueta y Leyre Goikoetxea, con la colaboración de Artepan.
Saludos.
Rubén Díaz de Corcuera.
Comisariado Inmersiones 2010.

















