A Pan y Agua

28
Ene
2011

  “A pan y agua” fue un experimento, una especie de test de Rorscharch
   gastronómico realizado con motivo de la Inauguración de Inmersiones
   2010, el congreso de artistas emergentes que se desarrolla todos los
   años en la sala Amárica de Vitoria-Gasteiz.
   Pudimos elegir y lo que elegimos fue agasajar a nuestros invitados a
   base de pan y agua.
   Algunos vieron en ello, un regreso a lo esencial, a lo estrictamente
   necesario. ¡Qué poca cosa el pan! ¡Qué elemento más simple el agua!
   Pero ¡qué rico el pan cuando el hambre es verdadera! ¡qué delicia el
   agua si la sed es auténtica!
   Otros encontraron en el pan y en el agua una alusión a la crisis. Se
   acabaron los excesos. Se acabó el despilfarro. Vivir por encima de
   nuestras posibilidades. Todos a pan y agua. A compartir el destino
   alimenticio de aquellos míticos condenados de otras épocas (¡diez
   años de prisión, trabajos forzados y a pan y agua!).
   ¡Pues qué contradicción¡ El agua que ofrecíamos procedía de
   acuíferos australianos, de glaciares neozelandeses, de hielo fósil
   ártico. Teníamos algunas botellas de jugo de nubes importado de
   Suecia, otras con agua procedente de volcanes italianos. Aguas 
   pirenaicas y alpinas. Aguas de marcas glamorosas ofrecidas en
   botellas de fantasía, como grandes frascos de perfumes caros. Aguas
   que se cotizan más alto que algunos vinos de reserva. Aguas gaseosas
   naturales (el agua no vale nada, lo que vale son las burbujas). Lo
   que vale, podríamos añadir, es el concepto, el intangible que
   acompaña al líquido elemento.
   Y pan, por supuesto, pero amasado a mano. Simple pan pero producido
   con las harinas de nuestros antepasados: centeno, maíz autóctono (no
   híbrido), trigo sin refinar, etc. Panes de todo tipo,
   forma color y tamaño. Panes olorosos. Trufados de semillas de
   amapola o de sésamo, de nueces, de pasas. El pan vale poco, el buen
   pan es algo más caro y el buen corte de pan es una rareza impagable.
   !Qué pocos dominan este arte en nuestros días¡
   Pues sí, “A pan y agua”: un dispendio limitado, una lujuria
   razonable, la amplitud y la variedad dentro de unos estrechos
   límites autoimpuestos. Un pequeño oxímoron alimenticio, un lujo
   sostenible y sano. 
        
   “A pan y agua”. Una idea original de Rubén Díaz de Corcuera, comisario de Inmersiones 2010, desarrollada y producida por Amaia Gracia Azqueta y Leyre Goikoetxea, con la colaboración de Artepan.

Saludos.

Rubén Díaz de Corcuera.
Comisariado Inmersiones 2010.

www.inmersiones10.net

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